Estos días ando muy preocupado por mi gran amigo Manolo.
De él hablé hace mucho en La Crisálida del Tiempo.
Este Verano ha sido terrible, está apagándose, le cuesta respirar y apenas mueve la única mano con la que podía trabajar. Su enfermedad avanza imparable. Veo a su padre, mi buen amigo, y sé lo que sufre.
Cada semana lo trae dos cortas mañanas al trabajo. Lo instalo frente al ordenata y le damos quehacer, el poco que puede.
De vez en cuando habla conmigo, de sus sentimientos, temores y angustias. Sé que no lo hace con nadie, que a nadie quiere preocupar. También sé que me cree capaz de hacerlo, que soy el único con suficiente...
Y lo único que puedo es hacer su vida más divertida, de hacerlo reír con chistes y ocurrencias, de pedirle consejo y utilizar sus habilidades para que se sienta bien, para que cada día sueñe en verme y le dé trabajo y ganas de vivir.
Hoy he sufrido porque sé que un día de estos va a pedirme algo para lo que no estoy preparado y no podré negarle.
Hoy recuerdo una antigua historia leída en un Blog y tengo miedo, mucho miedo...
Y vengo con Cheli de visitar a su médico. Y he escuchado como hablaban de colega a colega.
Han hablado como si yo no estuviera presente, de enfermedades, de posibilidades y soluciones, de imposibilidades, de enfermedad incurable, de medicación intensiva e inútil, de potentes calmantes y las consecuencias que derivan su excesiva utilización.
En un momento he cortado la conversación...
-¿Cómo es que no me habías dicho nada? ¿Tan poca confianza me tienes?
- No deseaba preocuparte.
- ¿Cuándo te tomas todo esto?
- Cada día.
- ¿Y por qué hoy?
- Porque ya no puedo soportar más esta manera de vivir.
Y tengo miedo, mucho miedo.
Tengo miedo de perderla para siempre.
Hoy no me siento nada bien. Sólo espero que el día termine, que llegue sábado y Cheli se encuentre mejor, que estemos con nuestros amigos del club, cenando en la nueva y gigantesca barbacoa que hemos construido para ello.
Hoy sólo quiero esconder la cabeza como el Avestruz. Esconderme en lo más profundo de la tierra y salir cuando todo haya acabado.
¿Dónde está Pau, el potente e inconmensurable Pau?
¿Dónde está el hombre que no teme nada ni nadie, ni la vida o la muerte?
El que todo puede y nada puede con él.
El duro y frío Pau.
Hoy, que lo necesito más que nunca, no lo encuentro.
Mañana cenaremos con M en su casa. Debo llevarle los primeros escritos y hablar con ella.
Preguntas, detalles, fotografías y sentimientos antiguos, cosas que harán recordar tiempos maravillosos y que, espero, sean aliciente para seguir adelante.