UNA CENA OTOÑAL

Por Pau - 24 de Octubre, 2006, 0:30, Categoría: General


Hoy, día veintiuno de Octubre, el día que escribo estas líneas sobre papel, mi compañera insinúa que estoy enamorado de M.
Y esto es cosa sabida y asumida de tiempo.
¿Se puede estar enamorado de varias mujeres?
Seguro que sí porque yo lo estoy.
Dicen los estudiosos que, a partir de una edad, un hombre ya no se enamora. Debo ser la excepción o un inmaduro sin posibilidad de recuperación. ¿Recuperación? ¿Que palabra más inadecuada para la situación, verdad?
He de ser comprensivo con sus palabras. Y más, cuando las emite con tal cariño.
Incluso Cheli tiene derecho a preocuparse. Una mujer enferma, que ve cada día su futuro más incierto, tiene todo su derecho.
Así y todo, nadie puede dudar lo muy enamorado que estoy de ella.

Hemos cenado los cuatro en casa de Tomás. Ha vuelto a cerrar el sótano y tocado nuestras mejores canciones.
M lee los folios escritos por mi, los lee con satisfacción, dice que escribo muy bien, los tres dicen lo mismo. Parece ser que el amor hace milagros o enciega. Sé con toda seguridad que no escribo bien, los hay de peores, claro.
Detrás de ti, sobre todo cuando eres tú el que vuelve la cabeza para vigilar, siempre hay cola.
Cheli parece estar mejor, hoy no se ha dopado, no le ha hecho falta o, por lo menos, eso es lo que ella dice.
Está echada en el sofá ya que Tomás ha manipulado agresivamente sus cervicales y ahora no deja que se mueva demasiado.
Tomás canta, su voz es bronca pero melodiosa, canta a Leonard Cohen y nosotros dos bailamos.
Hemos leído y repasado fotos antiguas, hemos reído mucho.
Me habla al oído, susurrando con aquella voz que me enloquece, como siempre...
- No es cierto que nadie de nosotros saliera herido, Pau.
- ¿No? Pues debería haberme enterado.
- No quise contarlo. Os hubiera preocupado demasiado. Entonces supe que iban tras de mí y que no nos habían enlazado. Os dije que me iba al Bergadá a cuidar mi abuela. Os disgustasteis pero cedisteis.

Y ahora recuerdo...
Volvió como nueva, el pelo corto como a mí me gusta, con la nuca al aire, más muñeca si cabe.
Cuando actuaba lo hacía a cara cubierta y de manera más inaccesible.
Yo disfrutaba de su nuca, se la mordía a menudo. Esto duró hasta que su pelo creció.
Jota gusta de las mujeres con pelo largo y a mí corto. M convivía con Jota, era su amado.
Recuerdo aquél día que, en cambio de ella, vinieron dos gigantes a decirnos que había dado un traspié y se había hecho mucho daño con una verja. Preocupados les dijimos que la llevaran a un Hospital.
- Está todo controlado - Nos dijeron entonces.

 -¿Cómo fue?
- Un disparo lejano, iban por mí, me rozó entre costillas y abrió el cartílago. No fue nada importante pero me preocupó que me tuvieran tan localizada
- Dudaste de nuestro sentido común.
- No, eso nunca, pero no quise preocuparos gratuitamente. Lo cierto es que, al hacer aquello, demostraron que no sabían nada de nosotros como organización. Me curé con facilidad y punto. De haberlo sabido no me hubieseis dejado continuar. - ¿O sí?
- Probablemente no.

Observamos a los otros dos echados en el sofá y charlando amigablemente.
No puedo remediarlo. Veo a Cheli que, aun enferma, coquetea de manera sublime. Y veo a Jota perdido ante el encanto de esta mujer. Dos personas que se gustan y comparten una inmensa cultura. Dos personas igual de fogosas, que, cuando están juntas, el sexo les sale a raudales por todos los poros de su piel.
Tomás ahora canta mal, sonríe... y es que ve como nos besamos, como mi mano se introduce bajo la camiseta y acaricia la suave espalda de M, de la rabadilla a la nuca, sus costados... Ella se estremece, ya no habla.

Dos mujeres bien distintas pero igual de grandes. Una, puro fuego, la otra, brasas candentes.

Dicen que no hay modo sencillo de ser grande. Y yo digo lo contrario: para ser grande, debe hacerse de modo sencillo.

Nos sentamos y él deja de tocar para estar con nosotros, para hablar de mil cosas, sobre todo de la historia de su tierra aragonesa.
Oímos como baja su mujer, una buena amiga, una gallega fuerte en todos los aspectos. Viene para charlar un rato...

Me lee la misma gente de antes, los mismos. Han ido buscándome hasta encontrarme.
Recibo un correo de Philadelphia, otro de Madrid. Me dan las gracias por avisarlos del nuevo sitio. Están clara e irónicamente disgustados.

He decidido seguir escribiendo hasta que no tenga nada que decir o el día que nadie me lea.


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Comentarios

Enviado por ana (Contacto, Página)
Fecha: 24 de Octubre, 2006, 15:44

Qué apropiado post para mí, en todos los sentidos.
Yo no creo que pudiera enamorarme de dos hombres.
Y haré lo mismo que tú: hasta que no tenga nada que decir, me lean o no. Me gusta que vengan a verme, pero no escribo por eso.
Un besoooo

~~~

Enviado por kasandra (Contacto, Página)
Fecha: 24 de Octubre, 2006, 17:02

Pues cómo no te íbamos a seguir. Y claro que escribes muy bien. Tienes lo del principio pero has ido puliéndote con los meses. Lo que pasa es que yo leo a Pau no por lo que cuenta... bueno lo del gato en el balcón es distinto, sus opiniones casi como las de todo el mundo ... no me interesan pero cuando Pau se hace Compañía a si mismo. Eso es otra historia. Cuando Pau se acaricia. Cuando Pau se Acepta... me gusta mucho porque en cierta forma también me acompaña a mí. Me Alegro de esos correos. Me Alegro de que sigas viviendo. Porque para Pau la lucha ahora sólo ha cambiado de armas. Y recuerdo a Bertol Brech, aquello que dijo de los hombres buenos...

Un Abrazo

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